jueves, 15 de marzo de 2007

Arquitectura Barroca. Palacio de Versalles y Monasterio San Lorenzo del Escorial


“¿Dónde hunde sus raíces el estilo barroco?”. WÖLFLIN.

A través de todo el trabajo trataremos de dar respuesta a ésta y a otras preguntas tales como: ¿Cuáles son esas raíces? ¿Y como se despliegan las ramas? del frondoso árbol del barroco; por otro lado también intentaremos demostrar las características de este estilo en un par de edificios seleccionados para luego realizar comparaciones.

Seleccionamos el Palacio de Versalles (Francia) y El Monasterio San Lorenzo del Escorial (España), y, de estos tomamos a su vez áreas como: fachadas, jardines y las galerías de las batallas. Por último presentaremos el salón de los espejos (Versalles) y la habitación del monarca español Felipe II (Escorial) para poder diferenciar el discurso retórico en cada uno de estos recintos.
Pero antes de esto, se deben tener algunos conocimientos previos y claves para poder reconocer en las mencionadas edificaciones el estilo barroco.

*La religiosidad como tema persistente en el arte, lo que nos lleva a los postulados establecidos en el “Concilio de Trento” en cuanto a los parámetros que debían seguir las imágenes a la hora de ser plasmadas por los artistas en sus respectivas obras .Ya fuera en la arquitectura, la escultura o la pintura, las obras debían imponerse y seducir a los espectadores, así mismo, debían tener intrínsicamente un discurso narrativo que diese a conocer de manera didáctica la religión católica, repitiendo constantemente el equilibrio entre los diferentes tiempos de una misma acción. Otro punto que debe ser resaltado en cuanto a la religiosidad tiene que ver cómo ésta se desarrolla en los diferentes países, puesto que tenemos una obra francesa y otra española, a través de ellas se podrá observar el discurso religioso que se desarrolló en cada una. España más ceñida al Concilio de Trento y Francia apegada al absolutismo y al poder de la monarquía.
*El efectismo que el Barroco busca es propiciado por la luz tanto en las imágenes como en los espacios arquitectónicos, pues es a través del claroscuro que se genera la tensión de lo revelado y lo desconocido. También distribuye un mismo ambiente en distintos planos, encontramos un dramatismo puro, que nos remite a la teatralidad típica del Barroco.
*La luz se conjuga con el bombardeo visual que produce la imagen dirigida hacia el aspecto religioso, lo cual, podemos relacionarlo con el artificio que produce la máscara. interponiéndose entre la realidad y pintura, sin necesidad de crear un espacio de incomodidad, es decir, que dicho discurso, va llevando al espectador a aceptar lo que ve sin sentirse acosado.
*El movimiento es constante, las formas ondulantes y dinámicas imperan, dichas formas se multiplican por lo que no se le da cabida al espacio vacío, no se percibe lo estático. Existe el movimiento en tanto que seduce al espectador y lo envuelve en los espacios integrando pintura, escultura y arquitectura todo como una unidad.
PALACIO DE VERSALLES

FRANCIA

Fachada

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket



El edificio se construye como un monumento en donde coinciden lo teológico y el poder real, es por tanto de proporciones enormes que envuelven al contemplador, la grandiosidad y aparente apertura de los espacios lo capturan, procurando sensaciones de placar espiritual y físico. El Palacio de Versalles persuade al espectador exaltando en él los sentimientos precisos dentro del discurso barroco: lo aparentemente abierto se logra por medio de las dimensiones del edificio, aunque encierra a través de la disposición de la estructura en el espacio físico.
En la entrada del palacio los puntos de fuga de las líneas del edificio se unen en el infinito, la entrada se va reduciendo gradualmente hasta llegar al edificio central. Lo barroco se manifiesta a través de ese estudio matemático minucioso para mover la masa entera del edificio como una unidad a pesar de su amplitud y los ornamentos que en todo caso, como dic
e Ernest Gombrich en su libro de Historia del Arte contada por E.H. Gombrich, pasan casi desapercibidos
.









Jardines



“El Barroco estiliza la naturaleza para darle actitud de grandeza y la dignidad mesurada que esta época exige”. Wöfflin. Renacimiento y Barroco.


El Palacio de Versalles esta circunscrito por un conjunto de jardines monumentales que abrazan la edificación; existiéndo el diálogo directo y reciproco entre los jardines y la misma; puesto que, los jardines suavizan la gran masa del Palacio, pero a la vez éste le otorga fuerza al jardín, lo cual genera una unificación de todo el conjunto de una manera armónica.


En los jardines impera la multiplicidad de las formas geométricas, formas que están compuestas por flores y pequeños arbustos que simulan laberintos, en donde el espectador se pierde.





También existen diversas fuentes y estanques, además de esculturas que de igual manera hacen un aporte a todo el conjunto.





La Galeria de las Batallas

Se crea un escenario, en donde domina de manera sugestiva el discurso de poder de la familia real. La disposición de las pinturas a lo largo de las paredes y la abertura central del techo, crean un escenario cargado de teatralidad: los bustos, las pinturas y los marcos de oro conforman una unidad, a pesar de la variedad de formas y materiales que poseen.





MONASTERIO SAN LORENZO DEL ESCORIAL


ESPAÑA


Fachada




El Escorial se muestra sobrio, austero, no hay tantos grupos escultóricos, las cúpulas celestes de la Basílica determinan a esta parte del edificio como centro religioso del mismo, desde el Patio del los reyes puede observarse el cristo en mármol elaborado por Benvenuto Cellini, mientras se oficiaban las misas, de manera que la mirada estuviese inevitablemente dirigida hacia la imagen de cristo crucificado, lo que concuerda no sólo con las disposiciones del rey, pero al mismo tiempo con las de la Iglesia Católica. Es preciso señalar que las esculturas encontradas en este edificio a pesar de no ser demasiadas, han sido localizadas en puntos clave del recorrido visual y corpóreo del individuo con la finalidad de que éste las contemple (como por ejemplo las esculturas del Patio de los Cuatro Evangelistas explicado anteriormente).





La contención del dolor que era parte de la estética barroca española se manifiesta a través de la simpleza de las líneas.



El estilo simétrico de El Escorial trabaja en conjunto con la presencia de formas clásicas, tales como las columnas toscanas que enmarcan la entrada principal. Asimismo, la robustez de las líneas rectas del edificio se suaviza por la sutil intervención de marcos ondulantes ubicados en el segundo piso, que nos recuerdan a la Iglesia de Il Gesú en Roma con sus volutas como elemento unificador y a la vez distinto dentro de la configuración total de la estructura.


El Escorial en contraste con el Palacio de Versalles, plantea una aparente simpleza en cuanto a ornamentos pero enmascara una perspectiva cuidadosamente estudiada que obliga al contemplador a dirigirse a puntos que connotan el poder religioso y la severidad de Felipe II y la corte española.


Jardines

Los jardines presentan una estructura cerrada, con la participación de la simetría en las formas de las plantas. Observamos una rigidez en las líneas de las partes dispuestas para los jardines, no obstante las plantas actúan como puntos flexibles con las esferas, las curvas y los círculos elaborados en los arbustos.

En el Patio de Los cuatro Evangelistas, presenciamos cómo lo teológico es el centro y fin de la contemplación. La cúpula celeste cobija a los cuatro evangelistas, hay una tensión ocasionada en cuanto a la presencia del edificio dentro del marco realizado por la forma cuadrada del patio. En vista de su ubicación, el efecto que puede provocar en el individuo es el de la contemplación de las imágenes iconográficas de los evangelistas que se encuentran cada uno en una hornacina.

(Patio de los cuatro Evangelistas)




Salón de las Batallas















La lectura del discurso pictórico es obligado, los frescos de la pared rompen con la simetría que se despliega en los frescos de la bóveda, y la luz natural los ilumina directamente. Aunque no se presentan elementos que denotan grandiosidad tales como marcos de oro o la presencia de diferentes planos en la estructura creados por distintas bóvedas como en la Sala de las Batallas del Palacio de Versalles, la distribución de los cuerpos guerreros en el campo de batalla genera una impresión abrumadora sobre el poder de la corona española, así los entrepaños que conmemoran la guerra contra Francia culminada el día de San Lorenzo se oponen físicamente y con la sombra a las otras batallas.



Contraste

La Sala de Batallas de El Escorial mantiene una contención en cuanto al empleo excesivo de diferentes materiales en contraste a la sala del Palacio de Versalles, los frescos y la luz guían la mirada del espectador. Por otro lado, la bóveda de cañón alarga el recorrido, generando tensión entre la apertura de las grandes ventanas y el recogimiento que sugiere la bóveda sobre el individuo. Mientras que en el Palacio de Versalles observamos una línea continua recta a lo largo de ambos corredores que se encuentran a través de la flexibilidad que genera la línea del arco de medio punto .La curva sugestiona a continuar el recorrido a través del salón.

A diferencia del Palacio de Versalles, El Escorial no tiene la abundancia de detalles ornamentales como bustos, o esculturas o bóvedas de tragaluz, es un recorrido a través del pasillo en donde impera la presencia de lo pictórico, que es todo el mural y los entrepaños.

En el caso de los jardines de cada edificio la diferencia salta a la vista, en Versalles los jardines son extensos y abiertos, en el Escorial son de tamaño reducido y en una escala disminuida y cerrada, y a pesar de que se asemejan en elementos como las caminarías, los arbustos que simulan laberintos, lagunas, fuentes y esculturas no se equipara la cantidad y el volumen de los mismos en el Palacio de Versalles con los que existen en el Escorial.




Es evidente que en los dos edificios existe una horizontalidad predominante. Sin embargo en el Palacio de Versalles la horizontalidad es de tipo abierta (forma de las alas este y oeste), por su parte la horizontalidad del Escorial es de forma cerrada si se quiere hermética. En Versalles existe más ornamentación en la fachada, con nichos y alargados ventanales, con pilastras, y esculturas, pero esto ocurre en toda la extensión. Hay en esta fachada múltiples ángulos y juegos de cóncavo y convexo.

(Pintura del Palacio de Versalles)

Por su parte, el Escorial se nos presenta con formas más simples, si se puede decir, es un estilo de barroco depurado, en el que resalta lo esencial y lo que es realmente prominente, es decir, las cúpulas y la entrada a la Basílica, que es la que tiene una fachada con columnas toscanas y algunos nichos con esculturas, y sobre esto un tímpano con un bajo relieve; en el resto de la monumental fachada prevalece la pared llana que en ocasiones es interrumpida por las pequeñas ventanas cuadradas.

(Pintura del Escorial)



EL DISCURSO RETÓRICO EN EL BARROCO

¿Qué hay de retórico en la arquitectura?, porque si bien la retórica es el arte, que por medio de un lenguaje eficaz logra deleitar, persuadir y conmover ¿qué puede tener en común con la arquitectura?; esto se podría resolver si tenemos en cuenta que de una forma u otra, la arquitectura también es un discurso, por lo tanto tiene su propio lenguaje, la imagen.

No en vano el significado de arquitecto es equivalente a “príncipe de los artífices”(*), que usa su lenguaje que es la imagen y se encarga de engañarnos, y al igual que el retórico deleita, persuade y conmueve nuestro ojo, lo aliena para hacer que veamos la ilusión óptica que nos diseñó.

Pero en relación con la funcionalidad o tratamiento que se le da al discurso retórico en El Escorial y El Palacio de Versalles, tomaremos como ejemplos los aposentos del rey Felipe II y el Salón de los Espejos.



Habitación de Felipe II, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial


Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket


En este caso es evidente que la austeridad del dormitorio de Felipe II no sólo se observa en el empleo de pocos elementos ornamentales en la estructura arquitectónica, sino también en la decoración de las paredes que se mantienen blancas con unos sencillos detalles en cerámica, azulejos. Vemos que la contención del espíritu que mantenía el español en comunión con la religión católica, se manifiesta en las formas cuadradas y un tanto severas de los espacios.


El retablo- oratorio de madera y su relieve de Cristo crucificado un (“Calvario” para ser específicos) constituye una parte relevante dentro del marco de los ejercicios espirituales que debía realizar Felipe II en su intimidad, mas lo que nos interesa es la infiltración de un elemento dentro de la distribución de los espacios que se une con la arquitectura en el sentido riguroso de lo religioso. También es importante destacar que la técnica aplicada al retablo es la del "sotto in sue", puesto que la imagen esta aislada y resaltada mediante la luz y la perspectiva, lo que la individualiza acercandola al obvervador y llamando así su atención.

(Retablo- Oratorio)

(Cama de Felipe II)

Debemos agregar que el cuarto del rey se comunica con la Basílica, por lo que se desarrolla no solamente la conducción hacia lo teológico como parte de la vida cotidiana de Felipe II, sino también el carácter hedonista que busca complacer en lo físico y espiritual al rey. La mirada es guiada directamente hacia la cama del rey Felipe II, es quizás el elemento con mayor exuberancia dentro de la habitación, por lo tanto se plantea un discurso de poder innegable, en donde el rey debe recibir la atención en tanto gobernante como personaje destacado en la religión. El rey se convierte en una figura icónica, puesto que a través de la arquitectura se seduce al que penetre en la habitación para desviarlo de cualquier ruta posible que no lleve hacia el rey.




Galeria de los Espejos, Palacio de Versalles

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket


La Galería de los Espejos presenta dentro de su discurso retórico, el diálogo continuo entre el espacio ilusorio creado por los espejos frente a los grandes ventanales y el espacio real o tangible del espectador. Los espejos funcionan como signos fácticos, mantienen la comunicación entre los espacios en que se debate la persona; la intensión de los espejos es la multiplicidad de las imágenes hasta el infinito, para no dejar ningún espacio vacío, ya que dominaba el “horror vacui” .

En cierto sentido se puede decir que persiste una sencillez arquitectónica en este salón porque lo barroco impera en la ornamentación artificiosa y en los detalles suntuosos y opulentos, el oro y las grandes arañas de cristal, que concuerdan con el discurso de poder de la monarquía absolutista francesa.
El estudio de la perspectiva se revela en tanto que cada “ventana” de espejos corresponde
a la misma posición de los ventanales reales, se crea un juego de luz que envuelve al salón en una atmósfera luminosa.
Los nichos ubicados entre los ventanales y los espejos, permiten el descanso de la vista, pero lo centran en la imagen, de tal forma que obligan con disimulo al individuo a dirigirse a las esculturas, también el techo permite el reposo de la vista por la invasión poderosa de la luz y su incremento a través e los espejos. Creemos que se forma un claroscuro por medio del diseño de las estructuras, se produce un contraste entre las luces y las sombras por disposición de los elementos dentro de la estructura de la galería, pero los espacios menos iluminados entran en tensión con las imágenes, pues las imágenes (pictóricas y escultóricas) dentro de la oscuridad física surgen con luz propia como acontecimiento plástico.

La diferencia discursiva va desde lo opulento y exuberante del Salón de los Espejos a lo ascético y austero de los aposentos de Felipe II; a pesar de la distancia de estos discurso, cada cual concuerda y pertenece a su tiempo espacio.



(*) Esteban Lorente. Tratado de Iconografía. Madrid: Istmo.





Bibliografía:

-Arellano, Fernando.(1983). Cap. XV El arte Barroco. Apuntes de Historia del arte. Caracas:UCAB.
-Arellano, Fernando.(1983). Cap. XII El Manierismo. Apuntes de Historia del arte. Caracas: UCAB.
-Gombrich, Ernest.(2001). La historia del arte contada por E. H. Gombrich. Madrid:Debate.
-Eco, Umberto.(2006).Cap. IX. Historia de la Belleza. Italia: Lumen. pp. 225-235.